La poesía al final del Imperio. Ausonio

Iniciación

Cuando parece que todo estaba ya dicho y que se había alcanzado también la perfección formal, los poetas del final del Imperio tratan de encontrar nuevos caminos para la expresión literaria. Surgen así soluciones novedosas, no siempre acertadas ni exitosas, pero dignas de atención por lo que suponen de retos creativos. Lo que se ha dado en llamar technopaegnia (o “juegos de artificio”) incluyen carmina figurata (“poemas-figura”), versos ecoicos, ropálicos y palíndromos, centones, etc. Pero por más que todos estos inventos parezcan ser propios de escritores aburridos, algunas de esas propuestas calaron hondo y condicionaron más de lo que creemos la creación poética en las lenguas vulgares. Al fin y al cabo, había que adaptar la poesía a los nuevos recursos rítmicos (acento, rima) de unas lenguas que habían perdido ya la noción de la cantidad silábica, en la que se basaba la versificación de la época clásica. La poesía de Décimo Magno Ausonio es, sin duda, el mejor ejemplo de todo esto.

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