9.1.4. El trabajo del epigrafista

Profundización

El enorme número de inscripciones latinas llegado hasta nosotros ha sido desde hace siglos pacientemente recogido, leído, estudiado, publicado y (no siempre) conservado. Desde los primeros humanistas en el siglo XV, que advirtieron ya el enorme interés de esos textos para conocer mejor la Roma antigua, hasta las modernas ediciones se ha progresado de manera muy considerable, de modo que la Epigrafía es una disciplina consolidada e imprescindible para el conocimiento de la Antigüedad. Desde el siglo XIX el Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL) publica bajo el amparo de la Academia de Ciencias de Berlín todas las inscripciones conocidas; pero esta gigantesca empresa se ve hoy complementada por el uso de las nuevas tecnologías, que contribuyen de manera decisiva a un mejor conocimiento de los epígrafes, en particular de los peor conservados. En esta sesión se mostrará cómo ha trabajado y cómo trabaja el epigrafista, desde sus primeros esfuerzos en el Renacimiento hasta la actualidad, en que puede disponer de recursos y herramientas inimaginables hace tan solo unos decenios.

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