1.1.4. De la Monarquía legendaria a la República romana

Iniciación

Mientras se desarrolla la prodigiosa cultura griega en la mitad oriental del Mediterráneo, está surgiendo en el centro de la península itálica una nueva potencia que acabará, poco antes de que se inicie nuestra era, engullendo a los reinos helenísticos. La pequeña aldea de Roma, a orillas del río Tíber, vinculada política y culturalmente con el mundo etrusco, logra poco a poco su emancipación: a comienzos del siglo V a. C. su sistema monárquico local es derribado por un sistema de gobierno republicano y a partir de ese momento comienza a expandirse su poder, primero por las zonas próximas del centro de Italia, luego por el sur -donde los griegos habían fundado numerosas colonias-, por fin por el Mediterráneo occidental. Esa expansión no estuvo exenta ni de tensiones externas (fundamentalmente contra los pueblos sabinos y contra la formidable potencia cartaginesa), ni de tensiones internas (por los conflictos sociales entre una clase patricia cada vez más poderosa y una plebe cada vez más sometida). Tras la victoria romana sobre los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica, a finales del s. III a. C., Roma se convertirá en la potencia hegemónica del Mediterráneo occidental y emprenderá el sometimiento del Mediterráneo oriental, de modo que en el 30 a. C. sería incorporado Egipto, el último reino helenístico independiente, al Estado romano. Sin embargo, el éxito político y militar provocó también el final de la República y el inicio de un nuevo sistema de gobierno, el Principado.